La Fe by Armando Palacio Valdés — Read

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Gracias a la actitud resuelta de Obdulia, el asunto no fue llevado a los tribunales. Desde el primer momento se confesó autora y única responsable de la fuga: el excusador ninguna culpa había tenido en ella; sólo había cedido a acompañarla después de incesantes ruegos y valiéndose del ardid de los malos tratos en su casa. D. Peregrín Casanova, queriendo sin duda demostrar que no guardaba rencor alguno a Osuna por la escena de la iluminación, seguía opinando que debía instruirse expediente gubernativo. Hacía ya mucho tiempo que estaban reconciliados. En Peñascosa los particulares se injurian públicamente, se llaman canallas, miserables, etc., etc., y a los ocho días se les vuelve a ver juntos tomando café. Pero esto no es privativo de Peñascosa. Lo mismo sucede en Sarrió y en Nieva. De otro modo, ¿cómo sería posible la vida en estas villas insignes?

Contra el parecer de D. Peregrín se hallaban todas las personas sensatas de la población. Unos por afectos al excusador, otros por timoratos, otros porque no veían motivo para armar un escándalo, casi todos aconsejaron a Osuna que se estuviese quedo. Sin embargo, los enemigos que el excusador tenía, mejor diremos, los envidiosos, se encresparon terriblemente. No quisieron asentir a la versión de la doncella.

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