Explore "La aldea perdida" by Armando Palacio Valdés on Textopian. Read with annotations and highlights.
Aunque se sentó á la mesa no pudo comer. La cólera se le trasvertía de tal modo que no había lugar para que pasase el alimento. Á duras penas pudo D.ª Robustiana lograr que sorbiese una taza de caldo. Se alzó de la silla, bajó á su cuarto, atolondrado, confuso, sin saber qué partido tomar ante aquel alud que se le venía encima, aquella gran desgracia.
Porque tal consideraba la profanación de su retiro ameno y deleitoso.