Explore "Los majos de Cádiz" by Armando Palacio Valdés on Textopian. Read with annotations and highlights.
Dirijamos una mirada á la historia del arte. Hay un hecho que desde luego llama poderosamente la atención: la fecundidad prodigiosa de ciertas épocas y la esterilidad de otras. En el período de poco más de un siglo que media entre Fidias y Praxiteles nacen en el suelo reducido de la Grecia centenares de escultores, la mayor parte desconocidos para nosotros, pero cuyas obras, carcomidas y mutiladas como salen de entre los escombros, nos llenan de admiración y alegría. En un período de cincuenta ó sesenta años del siglo XV brilla en el país de Flandes legión numerosa de grandes pintores, cuyos cuadros, si alguien ha igualado, nadie ha sobrepujado jamás. Apágase momentáneamente la inspiración de los artistas flamencos en el siglo XVI y se traslada á Italia, donde viven y trabajan á un mismo tiempo algunas docenas de genios portentosos, cada uno de los cuales bastaría para ilustrar un siglo. Torna la mágica fuerza en el siglo XVII á los Países Bajos y produce esa maravillosa explosión donde los pintores ya no se cuentan por cientos, sino por millares. Nuestra patria se siente arrastrada por Italia y por Flandes al cielo de la belleza, y hace brotar de su seno la famosa escuela española con Zurbarán, Ribera, Velázquez y Murillo. ¿No es verdad que parece un contagio? De pronto aquel sol esplendoroso se eclipsa y quedamos dos siglos en oscuridad y tristeza. Sólo tal cual artista, aproximándose, aunque sin igualar jamás á aquellos genios, brilla como estrella solitaria y melancólica.
Las explicaciones que los historiadores del arte suelen dar á este hecho sorprendente nunca me han satisfecho. La aparición del arte como una consecuencia natural del engrandecimiento material de los países, como la flor de la civilización, que es la teoría hoy predominante, no hace más que agregar un hecho á otro hecho sin explicar ninguno de los dos.