Los majos de Cádiz by Armando Palacio Valdés

Explore "Los majos de Cádiz" by Armando Palacio Valdés on Textopian. Read with annotations and highlights.

Todo es asunto adecuado para la novela, se dice actualmente; toda parte de la realidad, toda fracción de la vida reproducida por un escritor inspirado puede engendrar una novela. Esta afirmación, que considero exacta en cierto sentido, sacada de sus justos límites y proclamada como principio absoluto ha dado origen á la literatura trivial y prosaica que hoy nos ahoga. Verdad que el espíritu humano puede embellecerse al contacto de toda realidad cuando arroja sobre ella una mirada serena; pero no es menos cierto que, á más de este elemento puramente subjetivo, hay en la producción de la belleza otro elemento objetivo que determina su valor y su fuerza. El placer de Velázquez pintando sus "Borrachos", ó el de Rembrandt cuando bosquejaba su célebre "Lección de anatomía", debía de ser grande: es siempre un goce contemplar la naturaleza de un modo desinteresado: mayor aún poseer la facultad de reproducirla con la exactitud asombrosa de estos maestros. Pero la alegría de Tiziano, de Corregio y Rafael debía de ser infinitamente más viva, porque estos grandes artistas no sólo se olvidaban de sí mismos como los otros, no sólo la reproducían con admirable verdad, sino que vivían en íntima relación con sus formas más puras y elevadas, aquellas en que ha podido expresarse con mayor libertad. Y cuando esta naturaleza tropezaba en su desenvolvimiento con algún obstáculo que la afeaba, estos pintores, guiados por su instinto, la interpretaban, le arrancaban su secreto deseo y la ayudaban á expresar claramente lo que sólo torpe y confusamente balbucía.

No es, pues, indiferente el asunto ó tema en que la pluma de un escritor se ejercite. Todos son dignos, como los oficios en que el hombre cumple con la ley del trabajo, pero unos son bajos y otros elevados. Quizá esta afirmación parezca anticuada á los modernos estéticos, pero la encuentro exacta. Después de todo, en la mayor parte de estos asuntos á mí me basta la verdad antigua. El que pinta bien la naturaleza muerta, jamás será tan gran artista como el que pinta bien la naturaleza viva: quien reproduzca sólo las formas más groseras de la vida y los movimientos rudimentarios del espíritu, no alcanzará la gloria del que sabe evocar y poner en conflicto patético las grandes pasiones del alma humana.

Reading navigation