Explore "Años de juventud del Doctor Angélico" by Armando Palacio Valdés on Textopian. Read with annotations and highlights.
Los sábados comía, pues, en casa de Reyes. Después me llevaban consigo al teatro, unas veces al "Real", otras al "Español" o a la "Zarzuela"; porque en los principales de Madrid tenía la familia del General un turno de platea. En estas ocasiones yo echaba el resto en la ornamentación de mi persona. Me había encargado un traje de frac y unas botas de charol, compré el sombrero de copa más reluciente que pude hallar en la capital y celebré largas conferencias con la planchadora que me había recomendado Doña Encarnación acerca de la pechera y los puños de mi camisa, conjurándole por lo que más amase en este mundo a que pusiera en ellos los recursos de su arte, el alma y la vida.
No bastaba esto. Era necesario además que el peluquero del entresuelo me frotase la cabellera con aguas perfumadas, me la peinase y me la rizase con tenacillas, que me diese brillantina y un toque de cosmético al bigote. Mi cabeza era un puro rizo y debía semejar bastante a la de un negrito de Angola; pero yo estaba satisfecho de ella y me parecía una verdadera obra de arte.