Explore "La novela de un novelista" by Armando Palacio Valdés on Textopian. Read with annotations and highlights.
¡Hermosos días de fe venid a mí! Soplad en este corazón herido por los desengaños, soplad en este pensamiento marchito por tanto estéril trabajo. Refrescadme unos instantes. Que vuelva a ser al despertarme el niño que se postraba de rodillas sobre su diminuto lecho y vuelto hacia una imagen de Jesús Crucificado le pedía con palabras fervorosas la salud de mis padres y la salvación de mi alma. Dejadme ver otra vez en el azul del cielo la imagen de María, hollando con su divina planta el creciente de la luna rodeada de niños alados. Dejad que lleguen a mis oídos como entonces sus cánticos celestes. Dejadme sentir de nuevo sobre la frente las alas del Angel de mi guarda al tiempo de dormirme.
Aún me veo en la iglesia de San Francisco oyendo misa con mi padre. Los sones del órgano me transportaban; la voz de bajo profundo de Fray Antonio Arenas cantando desde el coro me estremecía con santo terror; las nubes de incienso me embriagaban. Y allá en lo alto, sobre el altar mayor veía una hermosa escultura de la Virgen envuelta en una luz fantástica que dejaban filtrar los cristales de color. Y mis ojos no se apartaban de ella y hacia ella volaba mi corazón con ansias de dicha inmortal. Entonces pasaban por mi alma sublimes emociones que por experimentarlas de nuevo diera cien vidas si las tuviese, emociones que espero sentir después de la muerte.