Explore "La novela de un novelista" by Armando Palacio Valdés on Textopian. Read with annotations and highlights.
Recuerdo que por aquel tiempo existía en Avilés un zapatero librepensador llamado Mamerto. Este Mamerto vivía en lucha abierta con el Supremo Hacedor y con sus ministros responsables en la tierra, el señor cura de la villa y el de Sabugo, particularmente con este último por ser el del barrio que habitaba. No confesaba, no comulgaba, no iba a misa, no ponía siquiera los pies en la iglesia, y, lo que es mucho más grave, no bautizaba a sus hijos. Acometido de un furor ateísta no perdonaba ocasión de atacar el presupuesto del clero y aspiraba nada menos que a demoler las iglesias o a convertirlas en fábricas y obligar a los sacerdotes a ganarse el pan con el sudor de su frente.
Leía en sus ocios y se sabía casi de memoria algunos libros infamantes titulados "El fraile", "La Monja", "El Cura de misa y olla", y de ellos sacaba argumentos metafísicos para minar los cimientos de nuestra religión. Discutía, vociferaba en todas las tabernas, refería historias escandalosas de las beatas y los curas, y cuando tenía algunos vasos de sidra en el cuerpo entonaba canciones subversivas. Una de estas canciones le acarreó el mayor disgusto de su vida. Al cantar el himno de Garibaldi en vez de limitarse a victorear al enemigo del Papa se ensañó con éste gritando repetidas veces: «¡Que muera Pío IX, viva la libertad!» Se le denunció al señor cura de Sabugo, el cual a su vez lo denunció al Juzgado: se le formó proceso y fué condenado con otros tres amigos a dos años de presidio. Así las gastaba en aquella época el partido moderado que se hallaba en el poder.