Explore "Sancho Saldaña" by José de Espronceda on Textopian. Read with annotations and highlights.
Viéndole en su promesa tan constante / / salió a la prima noche en gran secreto. / / ERCILLA, Araucana.
Dos días después llegó el judío a Cuéllar cargado de cadenas y escoltado por un numeroso cuerpo de alabarderos, que llenos de cuidado venían porque no se les escapara, habiéndoselo encomendado mucho el buen Zacarías, que les había contado maravillas de las brujerías que él mismo le había visto hacer. Al menor movimiento que hacía el infeliz, a la más breve palabra que pronunciaba, se hallaba las puntas de las alabardas al pecho, amenazando matarle si no callaba o no permanecía quieto, temerosos no fuera algún conjuro o alguna intención de escaparse. Mirábanle todos con asombro, persignábanse muy a menudo, amenazábanle con más frecuencia, habiéndole cargado con tantas cadenas y argollas que apenas podía moverse, y le traían caballero en una mula, donde sufría todas estas penalidades sin dejar escapar una queja. Alguna vez solía suspirar, pero era con el recuerdo de su querida hija, que habría recobrado para perderla tan pronto, y que iba a quedar, a lo que él se imaginaba, sola y abandonada en el mundo. Por lo demás, en cuanto a él, no temía por su vida y alimentaba aún muy buenas esperanzas de salvarse si alcanzaba hablar al rey, como se lo habían prometido.