Explore "Sancho Saldaña" by José de Espronceda on Textopian. Read with annotations and highlights.
Desmayarse, atreverse, estar furioso, / / áspero, tierno, liberal, esquivo, / / leal, traidor, cobarde y animoso: / / no hallar fuera del bien centro y reposo, / / mostrarse alegre, triste, humilde, altivo, / / enojado, valiente, fugitivo, / / satisfecho, ofendido, receloso: / / huir el rostro al claro desengaño; / / beber veneno por licor suave; / / olvidar el provecho, amar el daño; / / creer que un cielo en un infierno cabe; / / dar la vida y la muerte un desengaño: / / esto es amor. Quien lo probó lo sabe. / / LOPE DE VEGA
una vieja así enfadada, que a nadie placer da, ni gusto en nada. Toda menor que de la mano al codo, de enfermedades y de horror cubierta, corto el cano cabello, el cuerpo todo de flacos pliegues lleno y color muerta, de raíces hecha VALBUENA, Poema del Bernardo. Tarde era ya aquella misma noche, cuando a la tibia luz de la luna recorría los corredores de la fortaleza una figura blanca, aérea y nebulosa, entre la luz y las sombras, semejante a un sueño de amor o a una aparición celeste, hollando apenas el suelo, y ágil y ligera como el pensamiento. Ya desaparecía por instantes, ya otra vez brillaba sobre las almenas que plateaba la luna, ya se perdía de nuevo, ya en alguna elevada torre aparecía, sin que la rapidez de su marcha disminuyese ni se pudiese descubrir su rostro. Invisible, tal vez, para los vigías que acá y allá en diferentes puntos velaban, mostrábase siempre en los puntos abandonados, donde apenas se detenía un momento como cuidadosa, cuando se ocultaba en seguida, bien así como si se disipase en el aire. Hubiérase creído que era el genio tutelar del castillo, que por secretos e ignorados caminos recorría todo, veía todo y en todas partes se hallaba, ya desvaneciéndose entre los rayos que destellaba la luna, ya tomando una forma bella y majestuosa al aparecerse. Viósela, en fin, en una de las torrecillas que flanqueaban el edificio, detuvo allí sus pasos, miró a un lado y a otro con ansiedad, y en aquel momento dejóse ver enteramente a la luz. Su blanco ropaje, como el vellón de una nube, ondeaba en pliegues al viento, y entre el rayo de la luna y la oscuridad de la noche se confundía; el aura susurraba en su cabellera tendida, y todo era mágico a su alrededor; pero en su ademán, aunque hermoso, había algo de triste y abatido, y en sus ojos centelleaban acaso algunas lágrimas de tiempo en tiempo, y la inquietud e intensidad de su mirada revelaban las encontradas pasiones que la agitaban. Dos veces miré a un lado y a otro con recelo de que alguno la sorprendiera; dos veces tendió la vista por el espacioso campo, y su ojeada despedía una luz más viva y más ardiente que la que disipaba con su claridad las tinieblas. Parecía como si deseara las alas del águila, la rapidez del huracán, para atravesar de un vuelo el espacio a par de la velocidad de su pensamiento. Allí en alguna parte buscaba algún objeto de odio inmenso, de amor desesperado sobre quien descargar su ira y en quien saciar su rencor, o a cuyos pies volar para pedir piedad y alcanzar el perdón de algún crimen entre sus brazos. Su mirada penetraba como el rayo de la tormenta, volaba al igual de su imaginación, y en sus ojos se retrataban todos los delirios de ternura y de aborrecimiento que a cada instante presentaban diversos cuadros a su fantasía.