Explore "Sancho Saldaña" by José de Espronceda on Textopian. Read with annotations and highlights.
Yo triunfaré de mi pasión insana, / / yo desde ahora aborrecerle quiero, / / le quiero aborrecer… ¡Oh! quién me diera / / desenclavar del corazón mi afecto. / / CIENFUEGOS. Safo, en la tragedia de Pitaco.
La luna caminaba ya a occidente acompañada del lucero de la mañana, y todo estaba en silencio en el castillo de Cuéllar. Saldaña había ya vuelto de su parasismo, y sus heridas, aunque peligrosas, no habían sido declaradas mortales por los maestros. Un calmante le proporcionó algunas horas de sueño, y a la hora de la mañana descansaba de las fatigas de su combate con mucho placer del viejo Duarte y su favorito Jimeno, que se aprovecharon de este momento de reposo, el primero, para dormir, y el segundo, para vaciar algunas botellas de buen vino y refrigerarse al lado de su cuotidiana, como él llamaba a su concubina.