Explore "Maximina" by Armando Palacio Valdés on Textopian. Read with annotations and highlights.
LA cortesía exquisita, abrumadora, de D. Alfonso Saavedra, sus atenciones delicadas con todo el mundo, sus modales respetuosos con las damas, ocultaban una soberbia satánica y una impudencia ilimitada. Desde muy temprano se había hecho eje del mundo, según la expresión vulgar, y profesaba el desprecio absoluto de la humanidad. Entre los jóvenes ricos, hijos de familias aristocráticas, no es rara esta conducta. El desprecio de todo es la única moda que no varía nunca entre ellos. Pero la mayoría no saben pasar de aquí, y llenos de celo, no ambicionan otra cosa que poder manifestar á sus semejantes, en cuantas ocasiones se presentan, este nobilísimo desdén, que forma parte integrante de su soberanía. Mas tal adorable ingenuidad les suele acarrear disgustillos á veces. Y aun se da el caso de que su desprecio no sea bien apreciado y comprendido; porque entre las muchas y ridículas manías que padece la humanidad, una de ellas es la de que no se la desprecie. Y no vale razonar este desprecio diciendo: «Yo debo noventa mil duros; soy vizconde y tengo mucha nuez; juego portentosamente al bacarrat; un antepasado mío calzaba las botas á Felipe II; guío un carruaje como el mejor mayoral y hace pocos días, entre otro vizconde y yo «tomamos el pelo» á un sabio en casa de Vallehermoso; llevo unos pantalones tan notables que obligan á volver la vista á los transeuntes y estoy enredado con una bailarina del Real, á quien pagan otros.» Nada; la humanidad se empeña en no reconocer la gravedad é importancia de los motivos que estos preclaros jóvenes alegan para despreciarla.
D. Alfonso, más cauto por naturaleza y más experimentado también por su estancia en países extranjeros, comprendía que era conveniente transigir con tal manía; pero en el fondo profesaba las mismas ideas. Aquel precepto de la filosofía kantiana, muy á la moda entonces: «No tomes á la humanidad como medio, sino como fin» era para él letra muerta.