Mercedes by José Victorino Lastarria — Read

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Eso así, Alejo tenia una costumbre contraria, la de seguir la pista a Ramiro i al viejo albino, para conocer quiénes eran, de dónde venian i adónde iban. Diariamente saludaba con gran cortesía al albino, -- ¡Dios lo guarde, señor don Miguel! -- Pero a Ramiro, no se atrevia ni a mirarle de frente.

El albino le contestaba cariñosamente, i a fuerza de oirle saludar, ya le conocia desde léjos cuando le encontraba por la mañana, o le veia, a pesar de sus ojos de sangre, arrodillado cerca de él en la Merced, oyendo misa. Siempre que Alejo podia, entraba a la Merced a observar al viejo, i cuidaba de pasarle la mano mojada en agua bendita, cuando, al salir del templo, se acercaba don Miguel a la pila.

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