Explore "Don Guillermo" by José Victorino Lastarria on Textopian. Read with annotations and highlights.
El corazon humano es mui leal, no hai duda; pero no sabemos por qué el de Mr. Livingston palpitó al recuerdo de Julia, cuando su dueño habia quedado poco ménos que en cuclillas, al aspecto de tantos cuernos. A esa hora tal vez la bella almendralina, imposibilitada ya para tomar el velo de monja, i durmiendo en el brazo izquierdo de su primo i marido, soñaba con el ingles, pagando el primer tributo a la infidelidad conyugal. ¡Pero quién es dueño de un ensueño! ¡Ni quién es árbitro de los augurios del porvenir! El cuadro que se representaba a los ojos del amante abandonado podia coincidir con el que pasaba por la imajinacion dormida de la infiel querida; pero si era una amenaza para el marido, bien podia ser tambien un emblema de lo que sucedia el amante. Talvez aquello no era otra cosa que una espresion de la doble infidelidad de Julia, que traicionando a un querido, soñaba con traicionar tambien al otro. En todo caso, ello no seria mas que una corroboracion de la teoría del emperador romano sobre las Julias.
Mr. Livingston estaba realmente abatido. Amaba de buena fé, aunque no habria querido casarse de buenas a primeras. Al fin era comerciante i sabia que no se debia comprar sin muestras, sino cuando la especie es mui barata i no cuesta tanto como la libertad de un soltero. En eso meditaba, i no sabiendo si habia hecho bien o mal, desahogó su incertidumbre, sacudiendo la cabeza i dando un suspiro. No tan pronto abrió los ojos, cuando vió que se adelantaba hácia él un hombre de fraque negro como él, que marchando hendia la roca de la muralla como si fuera una nube o una sutil neblina.