Don Guillermo by José Victorino Lastarria — Read

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¡Ai, desgraciado del que nace feo! ha esclamado algun poeta dominado del númen de la verdad, mas que del estro de la poesía; i en realidad que no es una ilusion poética la desgracia que trae consigo la fealdad. ¿Qué feo inspiró jamas un amor a primera vista? El feo que logra ser amado, lo consigue siempre a fuerza de mañas, o de bondad de corazon, o de injenio: por eso las mujeres que se ven conquistadas por un feo se escusan amenudo con un -- «¡pero si es tan bueno!» -- u ocultan su vergüenza bajo el prestijio de la habilidad o del talento de su feo. ¡Mas qué será, Dios mio, del que ademas de tener la fealdad en su cara, tiene la pobreza en el corazon i menguado el entendimiento! A ese solo puede salvarle el capricho femenil, i si no sabe esplotarlo o si no es capaz de aprovecharse de las estravagancias de una mujer, no le queda otro mundo que la celda de un convento, ni otro amor que el de Dios.

Al fin esto es algo: peor es entregarse como Calivan al amor del diablo. ¡I sin embargo, hai tantos Calivanes en este mundo, que sin ser hijos de la bruja Sycorax, tienen una intelijencia grosera, un natural ruin i una figura humana con todos los instintos i deformidades de la figura bruta! ¡Para esos, la maldicion del hombre i de la mujer! El que nace Calivan i no tiene la virtud de la conformidad, i en lugar de hacerse bueno, cultiva la envidia, i se enardece con el odio i el egoismo, es un monstruo que no merece tan siquiera los caprichos de una bella, ni las estravagancias de una fea, porque la mujer que se dejase conquistar por él, no podria disculparse con un -- «¡pero si es tan hábil!»

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