Explore "La araña negra, Tomo 4" by Vicente Blasco Ibáñez on Textopian. Read with annotations and highlights.
Aquella tarde, la baronesa se había mostrado muy complaciente y amable con su hermana. La había dirigido alegres palabras, acariciando bondadosamente sus cabellos, y la había prometido concederle alguna libertad mientras el papá estuviera de viaje.
Ignoraba Enriqueta cuál era la suerte de su padre, y cuando a la hora de comer mostró extrañeza por su ausencia, la baronesa y el padre Claudio, que a la vuelta de su visita a Palacio había sido invitado por doña Fernanda a quedarse "a hacer penitencia", le dijeron que el conde había salido muy de mañana para un viaje en el que estaría algún tiempo.