Explore "La muerta" by Eduardo Zamacois on Textopian. Read with annotations and highlights.
Aquella caseta de peones camineros fué puesta por orden de la Compañía al borde de un torrente seco, especie de cicatriz negra y profunda, abierta por una convulsión geológica entre dos cerros graníticos muy altos. En verano las agrias laderas de los montes colindantes se cubrían de verdura, y en el fondo de la cañada, bajo los jarales, los grillos cantaban: arriba, en la región azul, bañada por el sol, las águilas volaban pausadamente sumergiendo su mirada zahorí en las resquebrajaduras del planeta; pero el invierno desnudaba los cerros de molleja y apagaba el canto de los grillos, y la nieve caía silenciosamente sobre el cauce del torrente; cauce demasiado profundo, adonde las sonoras embestidas del viento no llegaban.
Allí vivía Martina, la mujer de Juan, el maquinista, llevando siempre en la mano el banderín verde que da á los trenes paso franco, y los ojos fijos en los túneles abiertos en las vertientes de los dos cerros fronteros.