Explore "Ídolos caídos" by Eduardo Zamacois on Textopian. Read with annotations and highlights.
Era de noche. Nos hallábamos en una espaciosa habitación, con los altos techos envigados según antigua costumbre provinciana, las ventanas huérfanas de visillos, cortinajes y demás vistosos paramentos del buen tono, y las paredes sin otro adorno que algunos clavos de donde pendían varias viejas prendas de vestir con esa gravedad soñolienta de las cosas inertes.
Mi amigo estaba acostado en una cama, yo en otra, y ambos conversábamos pausadamente esperando la sorpresa del sueño. Sobre un taburete chisporroteaba la mortecina luz de una lamparilla de aceite; toda la casa yacía en el silencio solemne que envuelve á los pueblos pequeños, y únicamente revoltijeando en el ámbito del dormitorio vibraba el pertinaz y amenazador zumbido de algunos mosquitos hambrientos.