Explore "Germinal" by Eduardo Zamacois on Textopian. Read with annotations and highlights.
Los seminaristas llegaron al bosquecillo de cuatro en fondo, y repentinamente, obedeciendo á una voz del ayo ó dómine que les conducía, rompieron filas, dándose á correr como corzos, los unos en seguimiento de los otros, ó improvisando divertimientos varios, según sus edades y aficiones. Unos empezaron á jugar al toro y á piola; los más juiciosos buscaron el brazo de un amigo con quien repasar las últimas lecciones ó discutir algún punto difícil y obscuro de Teodicea.
El día declinaba; era una tarde de Junio, hermosa y ardiente; sobre los viciosos herbazales matizados de margaritas, amapolas y otras florecillas silvestres, los rayos del sol poniente, filtrándose á través del follaje, dibujaban círculos luminosos que temblequeaban con indecisos aleteos de abeja; el aire era perfumado y tíbio; los insectos, agazapados en las resquebrajaduras del suelo, entonaban la somnífera cantinela de sus élitros; del cielo azul caía una catarata bochornosa de calor; las plantas trepadoras parecían asirse voluptuosamente al tronco de los árboles y por sus tallos flexibles la savia subía como una oleada irrefrenable de vida. Todo era paz, contento y vigor en aquella naturaleza á quien los lúbricos cosquilleos primaverales despertaban, y había algo elocuente en el contraste ofrecido por aquel paisaje desbordante de calor y de luz, y el fúnebre grupo de seminaristas ensotanados, con sus rostros pálidos y sus lánguidos ojos de convalecientes corriendo de un lado á otro, obedeciendo á la odiosa ordenanza que lo mismo prescribía sus horas de aplicación que sus ratos de divertimiento; blandengues, melancólicos, semejantes á pajarillos enfermos que saltasen sobre la hierba.