Explore "El libro rojo, Tomo I" by Vicente Riva Palacio on Textopian. Read with annotations and highlights.
Era un espacioso salón tapizado de seda color de grana hasta la altura de dos varas. Pesados escaños y toscos sillones cuyos brazos y pies se formaban de cabezas y garras de leones, y labrados de oloroso bálsamo, estaban colocados contra las paredes y cubrían todo el espacio donde no había balcones ó puertas. En el fondo había una imagen de Cristo Crucificado, y del techo pendían tres arañas enormes de plata. El suelo estaba cubierto con alfombras venecianas y con mantas bordadas de fuertes colores, testimonio todavía patente de la industria y civilización de la raza indígena. Al entrar en esta pieza no se sabía acertivamente lo que era; pero más tenía trazas de templo que de habitación profana dedicada á los saraos y banquetes.
En este salón se hallaba el Marqués paseándose de un extremo á otro, con la cabeza baja, un dedo en la boca, y con muestras de que una idea fija le preocupaba. A pocos momentos se presentó D. Martín Cortés, hijo del conquistador y de la hermosa Doña Marina, llevando en su ferreruelo la roja Cruz de Santiago. Detrás de D. Martín Cortés se entraron silenciosamente en el salón dos caballeros: el uno era D. Luis Cortés, hijo también del conquistador y de Doña Antonia Hermosilla, y el otro Alonso de Avila. Era este un mancebo de cosa de veinticinco años, hermoso y gallardo, de ojos negros y chispeantes, de frente ancha, de nariz larga y de boca grande, sombreada por un negro bigote con las puntas retorcidas hacia arriba. Hablaba con entusiasmo y viveza, era pronto y rápido en los movimientos, accionaba mucho, y su mano derecha la llevaba frecuentemente al pomo de su larga espada, porque era pendenciero y calavera, y manejaba con garbo y destreza las armas y el caballo: vestía un capellar de damasco encarnado bordado de plata, que tenía una capucha á la usanza morisca para cubrir la cabeza, un corpezuelo de una tela de seda tejida con plata y oro, y unas calzas de terciopelo negro.