La puchera by José María de Pereda — Read

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La fiesta religiosa fué tan solemne como todas las que disponía don Alejo en honor del santo patrono de Robleces. No la describo, porque me asusta el riesgo de cansar al lector copiándome á mí propio. ¡He hablado de tantas otras semejantes á ella!

Predicó el cura de Pandos, la mejor palabra que se conocía en los pueblos de tres leguas en contorno, salvo la opinión de don Alejo, que le tenía, quizás por un resabio de casta, por orador más atento á pasmar con sus sabidurías, que á conmover hiriendo á puño cerrado las flaquezas vulgares del rústico auditorio; pero era hombre de fama y el predicador más caro de todos los conocidos por allí, y como famoso y caro le eligió para mayor lustre de la fiesta; lustre que no se empañó porque tres ó cuatro docenas de ignorantes mujerucas se durmieron aquel día, mientras el de Pandos, después de ensalzar las virtudes y méritos del santo «abogado de la peste,» tronaba contra las pestes actuales, y se enredó á brazo partido con la peste del espiritismo, la peste del liberalismo y la peste de la masonería. ¿Qué culpa tenían, ni el santo ni su panegirista, de que ni las durmientes ni los hombrones que bostezaban desperezándose, hubieran oído hablar de aquellas cosas en todos los días de su vida, ni de los libros y papeles en los cuales había bebido la materia el orador? Algo así dijo el cura de Piñales, revestido de diácono, gran admirador del perorante, cuando oyó á don Alejo que, con la cabeza inclinada y las manos debajo de la casulla, pero con el ojo y el oído muy atentos á lo que pasaba entre sus feligreses y se predicaba en el púlpito, decía, dando con el codo al subdiácono, gran apologista del Eusebio: «Ahí lo tienes: ¿ves lo que es echar margaritas, y margaritas de pega, á animalucos como éstos? ¡Y tómate seis duros! De á cuatro los conozco yo que á estas horas tendrían al auditorio llorando á moco tendido. Pero así lo quieren, buen provecho les haga.» Hablara ó no con razón el apasionado don Alejo, el hecho es que el sermón fué del cura de Pandos, lo que equivale á decir que fué «de primera.»

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