Explore "La puchera" by José María de Pereda on Textopian. Read with annotations and highlights.
El «negocio de la ostra» le tenía el Lebrato á la puerta de casa, como quien dice; y por «llanuco y hacedero de por sí,» no era cosa para quebrantar huesos tan duros como los suyos y los de Pedro Juan.
Plantarse con la chalana en la primera revuelta y la más grande de las dos de la ría, á la bajamar; fondearse allí, ó no fondearse, sobre la misma canal; una especie de rastrillo de hierro, de púas fuertes, largas y algo encorvadas, con mango de palo: un instrumento así para cada uno, y á sacar con él cantos sueltos del fondo; cantos que, según la suerte soplara, unas veces salían en "blanco", y otras veces más ó menos sarpullidos de ostras de todos tamaños; arrancar las grandes, dejar las de "cría", y volver el canto al agua. Y al sol. No tenía ni tiene más intríngulis la explotación de aquel rico ostrero natural.