Explore "Las furias" by Pío Baroja on Textopian. Read with annotations and highlights.
UNA tarde, después de comer, acompañé a Elena y a María Rosa a la Ciudadela; al llegar delante del rastrillo, el cabo de guardia nos detuvo y nos interrogó. A las dos mujeres las dejó pasar; a mí no me permitió la entrada.
Siguieron ellas por el puente y yo quedé fuera del rastrillo, que tenía a cada lado un gran pilar de piedra, con una bola, también de piedra, como remate. Pasé allí un cuarto de hora largo, y viendo que Elena y María Rosa no aparecían, me asomé al paseo de la Explanada. Había cerca de la muralla un cordelero que hacía una cuerda de cáñamo mientras un chico daba vueltas a una rueda. Me paré a mirarle, recordando a mi amigo el señor Vicente, el tío Corda.