Explore "De sobremesa; crónicas 3" by Jacinto Benavente on Textopian. Read with annotations and highlights.
Si en la mesa y en el juego es donde mejor se conoce, según dicen, la educación de las personas, en las calamidades es donde mejor se revela la cultura de un pueblo. Los aldeanos de Rusia y de Italia que, ante la invasión del cólera, renuevan episodios de las más terribles pestes de la Edad Media, con sus terrores, sus supersticiones, su desconfianza en la ciencia y su fe en cualquier brujería, nos dicen claramente que hay en las naciones modernas, aunque los salven trenes y automóviles, menos kilómetros de distancia de la civilización á la barbarie que siglos en la historia de la humanidad. Unas horas de camino valen por muchos libros de historia. Sin andar mucho, no es difícil encontrarse todavía con el hombre de las cavernas. Cuando el cantor de la civilización está más ilusionado, creyendo que ya sólo es cuestión de expulsar á los frailes y, dos ó tres pasitos más por este orden, para llegar á la reconquista del Paraíso terrenal. ¡cataplum! por donde menos se piensa, un retroceso al salvajismo, que si no destruye de golpe, deja por lo menos tambaleándose lo mejor de nuestras ilusiones.
Y es que estas epidemias, como tienen su origen en regiones incivilizadas, no sólo se traen para acá el microbio de la enfermedad, sino el de la barbarie, que aun prende más pronto. Aquí bien puede decirse: «Bien vengas mal si vienes solo.» Mejor será que no venga ni solo ni acompañado; pero, si como es de temer, aunque no sea más que por molestar al Gobierno, como epidemia reaccionaria, nos desfavorece con su visita, ¿qué se traerá esta vez por lo de asiático, á más de lo que se traiga por lo de morbo?