Explore "De sobremesa; crónicas 3" by Jacinto Benavente on Textopian. Read with annotations and highlights.
Esto de las embajadas de moros parece la procesión del niño perdido; llegan unas detrás de otras, y ni el niño parece ni la madre del cordero, que este es el toque de la diplomacia morisca: que no parezca nunca nada de lo que se ha perdido. De modo que es muy posible que haya que ir á buscarlo, y allá iremos con nuestro duro á recuperar la peseta. Ante el peligro de posibles y desagradables discrepancias, llegado el caso, se invoca, para «hacer opinión», como suele decirse, el patriotismo de cuantos pueden influir sobre ella. Bien está si ello no puede ser por menos y se quiere que en su día sean muchos á repartirse las glorias ó las responsabilidades. No es como hacer propaganda de una Exposición ó de un viaje de recreo, cosa en que á todos se favorece y á nadie se perjudica.
Pero. pero en esta ocasión el que sinceramente y honradamente no crea en la necesidad ó en la conveniencia de nuevas demostraciones bélicas, mal haría en pactar con su conciencia por consideraciones dudosas. ¡Cualquiera sabe dónde está el verdadero patriotismo en estos tiempos! Eso sí; tampoco vale guardarse la malilla para salir después, si el asunto se tuerce, con aquello de: «¡Ya lo sabía yo! ¡A mí siempre me pareció mal; pero cualquiera va contra la opinión general!» Sobre que nunca hay opinión general y sobre que muchas veces la opinión y los que influyen en ella se engañan mutuamente por mutuo desconocimiento, y luego tenemos aquello de: «Yo hablé así porque creí que era la opinión de ustedes» y «Yo creí deber opinar así porque ustedes lo decían».