La odisea by Homer

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1 »Llegamos á la isla Eolia, donde moraba Éolo Hipótada, caro á los inmortales dioses; isla natátil, á la cual cerca broncíneo é irrompible muro, levantándose en el interior una escarpada roca. Á Éolo naciéronle doce vástagos en el palacio: seis hijas y seis hijos florecientes; y dió aquéllas á éstos para que fuesen sus esposas.

Todos juntos, á la vera de su padre querido y de su madre veneranda, disfrutan de un continuo banquete en el que se les sirven muchísimos manjares. Durante el día percíbese en la casa el olor del asado y resuena toda con la flauta; y por la noche duerme cada uno con su púdica mujer sobre tapetes, en torneado lecho. Llegamos, pues, á su ciudad y á sus magníficas viviendas, y Éolo tratóme como á un amigo por espacio de un mes y me hizo preguntas sobre muchas cosas -- sobre Ilión, sobre las naves de los argivos, sobre la vuelta de los aqueos -- de todo lo cual le informé debidamente. Cuando quise partir y le rogué que me despidiera, no se negó y preparó mi viaje. Dióme entonces, encerrados en un cuero de un buey de nueve años que antes desollara, los soplos de los mugidores vientos; pues el Saturnio habíale hecho árbitro de los mismos, con facultad de aquietar ó de excitar al que quisiera. Y ató dicho pellejo en la cóncava nave con un reluciente hilo de plata, de manera que no saliese ni el menor soplo; enviándome el Céfiro para que, soplando, llevara nuestras naves y á nosotros en ellas. Mas, en vez de suceder así, había de perdernos nuestra propia imprudencia.

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