Explore "La dama errante" by Pío Baroja on Textopian. Read with annotations and highlights.
Al día siguiente, al salir, muy de mañana, del pueblo, notaron que el caballo de María no podía andar. Marchaba con grandes esfuerzos, como haciendo reverencias, y jadeaba, y al querer avanzar, aligerando el paso, producía un ruido como una caldera que hierve.
María suplicó a su padre y a don Álvaro que no marchasen de prisa, porque su caballo no podía seguirles. Desmontó María, y Aracil y don Álvaro reconocieron el jaco.