De sobremesa; crónicas 4 by Jacinto Benavente

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No es de extrañar, siendo la noble aspiración del socialismo la realización de un estado social paradisíaco, que los socialistas sean á veces de una inocente simplicidad, tan paradisíaca, por lo menos, como el mundo de sus ideales. Sobre todo, los socialistas españoles más noveles y, por lo tanto, menos baqueteados por las impurezas de la realidad. De otro modo, al escuchar el otro día á esos oradores franceses en "tornée" -- y nunca pudo anunciarse con mayor fundamento -- "pour l'Espagne et le Maroc", y oirles amenazar con la huelga general internacional si el Gobierno de Francia ó cualquiera otro se lanzaba á guerreras aventuras, nuestros buenos socialistas, en vez de aplaudir, debieron preguntar, desconfiados, á los compañeros franceses: -- ¿Qué apostamos á que ustedes no? En el mayor silencio dejaron ustedes pasar la ocupación de Casablanca; sin ruidosas protestas han consentido ustedes en la ocupación de Fez, llevada á cabo con todos los pretextos y malas artes usuales en el viejo juego de las ocupaciones. ¿Por qué en cualquiera de estos dos casos no han ensayado ustedes esa terrible huelga general con que vienen ustedes á conminarnos á nosotros, que ninguna deslealtad hemos cometido en Marruecos? ¿Es que han tomado ustedes á España como una especie de colonia agrícola ó granja de experimentación, buena para ensayar ese cultivo de la huelga general y la protesta airada? Internacionalismo, y no por mi casa, ¿verdad? Como si no supiéramos que en Francia hasta los anarquistas son "chauvinistas".

Y no hay que recordar el levantamiento de la "Commune", porque aquello mismo no fué sino exasperación del patriotismo dolorido.

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