Explore "El niño de la bola" by Pedro Antonio de Alarcón on Textopian. Read with annotations and highlights.
El pobre niño habia quedado como si fuese de hielo, por resultas de aquellos repentinos y bárbaros golpes de la suerte, contrayendo una palidez mortal que le duró ya toda la vida. -- Nadie habia hecho caso del infeliz en el primer momento de angustia, ni reparado en que no gemia, hablaba ni lloraba; y, cuando al cabo acudieron á él, lo hallaron contraido y yerto como una petrificacion del dolor, aunque andaba, oia, veia, y daba contínuos besos á su llagado y moribundo padre. -- ¡No habia, pues, derramado ni una sola lágrima durante la agonía de aquel sér tan querido, ni al besar su frio rostro, despues que hubo muerto, ni al ver cómo se lo llevaban para siempre, ni al abandonar la casa en que habia nacido, ni al hallarse albergado por caridad en la ajena! -- Algunas personas elogiaron su valor: otras criticaron su insensibilidad: las madres de familia lo compadecieron profundamente, adivinando por instinto la cruel tragedia que habia quedado encerrada en el corazon del huérfano, por falta de un sér tierno y piadoso que llorase á su lado.
Tampoco habia vuelto Manuel á hablar palabra desde que vió llegar en la agonía á su buen padre; ni respondió luégo á las cariñosas preguntas que le hizo D. Trinidad cuando se lo llevó á su casa; ni se le oyó más el metal de la voz en el trascurso de los tres primeros años que vivió en su santa compañía; y ya pensaban todos que se habia quedado mudo para siempre, cuando un dia que se hallaba como de costumbre en la iglesia de que era cura su protector, observó el sacristan que, encarándose con una linda efigie del Niño de la Bola que allí se veneraba, le decia melancólicamente: