Explore "Los caudillos de 1830" by Pío Baroja on Textopian. Read with annotations and highlights.
UN día, al anochecer, apareció en la fonda de Iturri un hombre que llamó la atención de Lacy y de Ochoa. Era un tipo seco, amojamado, con la cara y las manos curtidas por el sol. Tenía el aire de cansancio de los que vienen de países tropicales.
Vestía redingot negro, pantalón con trabillas, sombrero de copa de alas grandes y corbata de varias vueltas.