La Isabelina by Pío Baroja — Read

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A los tres días de esta conversación fué el padre Jacinto a casa del ex claustrado. Don Venancio se mostró con él bastante ambiguo, dándole a entender que haría lo posible para sonsacar a sus amigos los liberales, sin comprometerse formalmente a nada. El jesuíta proporcionó algunos trabajos, traducciones de documentos latinos; pero viendo después que las confidencias de Chamizo no le servían para gran cosa, dejó de visitarle. Solía ir Chamizo con frecuencia a ver a Aviraneta; le redactaba cartas y le traducía otras que le llegaban escritas en francés y en inglés.

Don Eugenio manejaba sumas respetables, tenía medios, aunque no los gastaba en sí mismo. A Chamizo le daba lo que le pedía, dinero que el ex fraile invertía en comprar libros y en comer bien, huyendo como de la peste del comedor de doña Puri para los caballeros estables.

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