De sobremesa; crónicas 2 by Jacinto Benavente

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Á los que andábamos á gatas -- primeros animalitos femeninos á los que acude el hombre en su vida -- cuando Juana Granier estrenaba el famoso «Petit Duc» del Maestro Lecoq, no puede por menos de rejuvenecernos el saber que la graciosa «divette» aún se halla en condiciones de dar juego por esos mundos y de favorecer según unos, de perturbar según otros, las relaciones diplomáticas entre Francia y Alemania.

Las mujeres no pueden soportar los irreparables ultrajes del tiempo, como dijo el trágico, y no tienen razón para lamentarse. La mejor edad para las mujeres empieza á los cuarenta años. Recuérdese qué mujeres son las reinas de la moda, del arte y la galantería en París. Sarah, la inmortal Sarah, que á sus años, á sus años había de ser, representa á la «Pucelle» de Orleans muy á satisfacción del público; Mme. Bartet, la divina, que tampoco es de ayer por la tarde, y aún interpreta las ingenuas de Musset y la Antígona de Sófocles; Cecilia Sorel, algo más nuevecita, por comparación, por eso no representa damitas jóvenes, pero también con lo suyo, muy bien llevado, eso sí; la Réjane, á quien el divorcio ha rehecho una segunda juventud, y en otro orden de ideas recordemos á Carolina Otero, á Émilienne d'Alencon, á Colette Willy, ahora en dimes y diretes con su marido por un quítame allá esas colaboraciones, que tanto les han producido en uno y en otro género.

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