De sobremesa; crónicas 2 by Jacinto Benavente

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Basta que el señor obispo de Orense lo afirme, para creer que el baldaquino famoso, amenazando ruina, el peor día, se hubiera desprendido sobre los devotos y causado mayor número de víctimas que las ocasionadas ahora por unos disparos de fusil, de mas inminente efecto que el baldaquino. La letra, aunque sea episcopal, con sangre entra y con sangre están regadas las páginas del Evangelio y las páginas más gloriosas de la historia de la Iglesia; pero bueno hubiera sido que el señor obispo, antes de la efectiva persuasión de los fusiles, hubiera empleado algo de persuasión pastoral, hasta convencer á sus borregos de la necesaria obra. No es de creer, por muy duros de mollera que fuesen, capaces de resistir sobre ellas todo el peso del baldaquino; ni por muy recelosos, como buenos aldeanos gallegos, de que alguien tratara de lucrarse, como tantas veces en casos semejantes; á poco que el Espíritu Santo hubiera inspirado á su Ilustrísima, y mostrándoles además con razones la verdad del peligro, hubieran desatendido á su buen pastor, obligándole á valerse del brazo secular, como en los mejores tiempos del feudalismo episcopal; aquellos buenos tiempos, más recordados en Galicia que en región alguna, por la dramática leyenda del obispo D. Suero.

Por algo el obispo de Jaca quiere, ante todo, contar con sus buenos órganos en la prensa; así, en casos semejantes podrá llevar la palabra persuasiva á sus feligreses, sin necesidad de convencerlos á tiro limpio. Quizás con un buen periódico se hubiera evitado el sangriento conflicto y muy desacertados están cuantos censuran al señor obispo de Jaca por su propaganda. Compárese un procedimiento con otro. Siempre será mejor poner periódicos que fusiles á disposición de los señores obispos.

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