Explore "La pista de la llave de plata" by Edgar Wallace on Textopian. Read with annotations and highlights.
El perseguidor perdió su pieza en Oxford Street, y desconsoladamente continuó su camino hacia adelante. Una especie de instinto de orientación le hizo dirigirse hacia Regent's Park. Naylors Crescent era una corta, pero magnífica, calle que arrancaba de la periferia del Crescent; muy silenciosa, sus pequeñas, pero majestuosas, casas estaban a oscuras. Mister Tickler, tal era su raro nombre, se paró delante del número diecisiete y miró hacia las ventanas. Las blancas cortinas estaban corridas, y la casa parecía sin vida. De pie, con las manos metidas en los bolsillos de su pantalón, parpadeaba mirando la puerta verde, que tan bien conocía, los tres gastados peldaños y los dos carriles de acero que los albañiles habían colocado en la piedra para facilitar el descenso de la silla del inválido.
Allí dentro había riqueza inmensa, incalculable riqueza, y un estúpido viejo al borde de la tumba. Fuera estaba la pobreza y el resentimiento, el recuerdo de los rigores de la prisión de Pentonville, un cierto sentido de injusticia. El viejo Lyne dormía en el primer piso. Su lecho estaba entre esas dos altas ventanas. La más baja era del estudio donde se sentaba durante el día. Allí, en la pared, había una caja fuerte llena de viejos papeles. El viejo Lyne nunca guardaba dinero en la caja. Durante toda su vida había tenido este hábito. Un ladrón o dos se habían tomado enormes trabajos para probar si era un embustero, pero no habían conseguido nada con sus esfuerzos.