Explore "Aventuras de cabeza de piedra" by Emilio Salgari on Textopian. Read with annotations and highlights.
Transcurrieron seis días sin que al castillo llegara noticia alguna de «Cabeza de Piedra» y sus compañeros. De los ingleses, tampoco se sabía nada, como tampoco de sus aliados indios, y no hay que decir que se carecía en absoluto de noticias fidedignas en cuanto a los fuertes ocupados por los republicanos en el Canadá, particularmente en cuanto al de Ticonderoga.
Al cuarto día de su permanencia en el castillo, sir William McLellan, viendo que el lago seguía helado, resolvió hacer la tentativa de llegar a Ticonderoga a pie, bordeando el Champlain hasta el punto en que surge la roca sobre la cual aún se eleva el fuerte. Ya se habían hecho todos los preparativos del viaje, y el barón se disponía a abrazar a su esposa, hecha un mar de lágrimas, y a sus amables anfitriones, cuando vieron avanzar en la dirección del castillo una patrulla de pieles rojas, guiada por un hombre, al parecer europeo.