Explore "Los últimos filibusteros" by Emilio Salgari on Textopian. Read with annotations and highlights.
Raveneau de Lussan, pese a seis años pasados en la isla entre continuos combates, continuas ansias y miserias sin fin, había conservado su inalterable buen humor de hidalgo francés, así que la acogida hecha a Botafuego, a Mendoza y al gascón fue una de las más cordiales.
-Me daba el corazón -dijo, después de hacerles pasar sobre su piragua y de haberles abrazado-, que un día, en cualquier rincón del mundo, os habría hallado. Lástima de que no esté con vosotros aquel bravo conde de Ventimiglia. ¡Ah, de qué buena gana le hubiera encontrado!