Explore "La montaña" by Eliseo Reclus on Textopian. Read with annotations and highlights.
«Blanco, brillante, nevado», tal es el significado primitivo de casi todos los nombres dados á las altas montañas por los pueblos que en su base se sucedieron. Alzando los ojos hacia las cumbres ven por encima de las nubes la centelleante blancura de nieves y de hielos, y su admiración es tanto más grande, cuanto que los campos inferiores presentan, por el tono uniforme y obscuro de los terrenos, extraño contraste con los picos blancos. En lo más riguroso del estío, cuando se alza polvo ardiente de los caminos y el viajero fatigado se para á la sombra, es cuando gusta mirar hacia las heladas masas, que los rayos solares hacen resplandecer como placas argentinas. De noche, un suave reflejo, como el de un mundo lejano, revela las altas nieves de la montaña. Las pendientes medias, los promontorios inferiores están cubiertos con frecuencia de capas nevadas. Ya hacia el fin del verano, cuando los torrentes han arrastrado á las llanuras el agua de los aludes fundidos, y los árboles han soltado el peso de la nieve que hacia doblarse á sus ramas, y las mismas matas, calentando el espacio que las rodea, han conseguido deshacer los copos de nieve que las rodeaban, súbito enfriamiento de la atmósfera convierte en nieve los vapores de la montaña. La víspera, las estribaciones de los montes y los pastos alpestres estaban completamente libres de escarcha; bien se distinguía el color pardo ó amarillento en las desnudas rocas, del verde en bosques y prados y del rojo en los brezos. Por la mañana, al despertar, el blanco manto nevado ha cubierto hasta los promontorios salientes. Sin embargo, ese vestido níveo de que hablan los poetas, está agujereado y desgarrado por mil partes. Los salientes de la montaña atraviesan esa envoltura, y los matices sombríos de las rocas, contrastando con la blancura de la nieve, acusan con más claridad los relieves de las fragosidades. En las hondonadas profundas se han acumulado los copos en gruesas capas; en las pendientes rápidas bordan ligeramente las hendiduras como tenue velo de encaje; en los abruptos tajos sólo aparecen de cuando en cuando, como manchas brillantes. Cada arruga de la montaña puede reconocerse desde lejos en su verdadera forma por la espléndida corriente de nieve que la ocupa; cada roca saliente revela sus protuberancias en las capas nevadas de distinto espesor, que alternan con la roca desnuda. Donde la peña está formada por estratos regulares, la nieve dibuja limpiamente las líneas de separación. Se posa sobre las cornisas y cae por las paredes de los derrumbaderos. A través de toda clase de fragosidades salientes y entrantes se ve alargarse con asombrosa regularidad la línea de las hiladas por espacio de muchas leguas: parecen haber sido superpuestas por manos de un arquitecto gigantesco.
Sin embargo, estas pasajeras nieves de estío que envuelven á manera de velo la montaña, y que en lugar de ocultar las formas de éstas, las dibujan con todas sus particularidades, son una coquetería de la naturaleza. Pronto desaparecen de las colinas inferiores y de los montes avanzados: cada día acortan sus límites hacia arriba los rayos solares.