La montaña by Eliseo Reclus — Read

Explore "La montaña" by Eliseo Reclus on Textopian. Read with annotations and highlights.

Al lado de esos hombres fuertes, de esos valientes de sólido pecho y penetrante mirada que trepan con paso firme por las rocas, arrástranse asquerosas masas de carne viva, los cretinos de pendientes paperas. Y muchas de esas masas hay que ni siquiera pueden arrastrarse; permanecen sentados en sillas fétidas, moviendo á un lado y á otro el cuerpo y la cabeza, cayéndoles la baba por los pegajosos harapos. Esos seres no saben andar, y algunos de ellos no han sabido aprender el arte primordial de llevarse la comida á la boca: se les da de comer, se les ceba, y cuando notan que el alimento ingerido baja al estómago, exhalan ligeros gruñidos de contento. Esos son los últimos representantes de la humanidad, «cuyo rostro fué creado para contemplar los astros.» ¡Qué enorme intervalo salvado entre la cabeza ideal del Apolo Pitio y la del pobre cretino, de ojos, sin mirada y risa que parece mueca! Más hermosa es todavía la cabeza del reptil, porque ésta corresponde á su tipo, y no esperamos verla de otra manera, mientras la cara del idiota es una forma espantosamente degenerada. A pesar de habernos parecido un hombre desde lejos, ni siquiera aparece la inteligencia del animal en sus facciones.

Para mayor dolor, los sentimientos rudimentarios que se revelan en el ser desdichado, no siempre son buenos. Algunos cretinos son malísimos: rechinan los dientes, lanzan rugidos feroces, hacen airados ademanes con los torpes brazos, patean el suelo, y si no se lo impidieran, se comerían la carne y se beberían la sangre de quienes los cuidan con abnegación: nada importa esa rabia á los montañeses, buenos y cándidos.

Reading navigation