Explore "Amalia" by José Mármol on Textopian. Read with annotations and highlights.
Todavía Eduardo tenía vuelta su gallarda cabeza hacia la dirección de la descarga y las manos llevadas instintivamente a los bolsillos donde tenía sus pistolas, cuando la voz de Amalia interrumpió el silencio de aquel lúgubre recinto, exclamando:
-¡Sube, sube, por Dios! -oprimiendo el brazo de su amado y queriendo arrastrarlo con sus débiles manos.