Explore "La edad, nada mas que la edad. En ocasión de los cien años de Jünger" by Claudio Magris on Textopian. Read with annotations and highlights.
Goethe no apreciaba el radicalismo reformador de Jeremy Bentham, demasiado apartado de su elusiva prudencia conservadora, pero lo admiraba por la veneranda y sin embargo aún vigorosa edad que había sabido alcanzar. Una vejez todavía lúcida e indómita tiene algo de regio e invita a reverenciarla como a una vieja encina; cabe que tenga también algo de brutal, fácilmente inherente a la fuerza, sea ésta del género que sea, y a la admiración de la fuerza. Puede que la capacidad de sobrevivir comporte a menudo una cierta dureza, el arte de continuar adelante sin cuidarse demasiado de quien no consigue aguantar el paso y se derrumba en los márgenes del camino, y de pasar sin turbarse por encima de los muchos cadáveres de los que está constelado el camino de una larga existencia.
Fuerza y dureza no fue precisamente lo que le faltó a Ernst Jünger, hoy centenario. Semejante edad adquiere también un significado simbólico, puesto que resume, estando todavía vivo y con vitalidad, todo un mundo que hubiera desaparecido en caso contrario. Cien velas, en la tarta de un cumpleaños, son realmente muchas, especialmente cuando el homenajeado casi parece capaz de apagarlas todas juntas de un solo soplo; celebrar el centenario de Jünger significa ajustar cuentas no sólo con todo un siglo sino con uno de los más terribles de la historia. La vejez de un escritor puede ser una forma de esa heteronomía literaria que induce, como observa Guido Morpurgo-Tagliabue, a valorar una obra siguiendo criterios extrínsecos a su valor literario en sí; el último superviviente de una época o una gran generación artística se ve en el trance de desempeñar un papel representativo que no le correspondería si los demás exponentes de su mundo estuviesen todavía con vida. Éste es el caso de la aureola que envuelve a la frágil cabeza de Jünger, que brilla con una luz que no es solamente suya sino que proviene de muchos otros a los que los Dioses, para quienes conforme al dicho antiguo es grato quien muere joven, no les consintieron llegar hasta nosotros.