Explore "La gloria y el ensueño que forjó una patria, Tomo 1" by Paco Ignacio Taibo II on Textopian. Read with annotations and highlights.
¿Eran los liberales, los puros, los rojos, ateos? Si bien Ignacio Ramírez en su discurso de ingreso a la Academia de Letrán abrió el fuego con "No hay Dios, los seres de la naturaleza se sostienen por sí mismos", o resulta evidente el ateísmo de Juan José Baz o del joven general Leandro Valle, la mayoría de los cuadros del liberalismo radical sin duda no lo eran. No lo era Juárez que, aunque defendiera el derecho a la libertad de creencias ("Los gobiernos civiles no deben tener religión, porque siendo su deber proteger la libertad que los gobernados tienen de practicar la religión que gusten adoptar, no llenarían fielmente ese deber si fueran sectarios de alguna"), era un católico no demasiado practicante; no lo era Santos Degollado, que permitía y promovía que su ejército asistiera a misa antes del combate; no lo eran Zaragoza ni González Ortega; ni siquiera lo era Melchor Ocampo, más allá de su tremendo escepticismo en materia religiosa.
Guillermo Prieto, que por cierto escribió 31 poesías religiosas, entre ellas un soneto dedicado a la Virgen de Guadalupe en la futura Intervención francesa ("pidiendo / por la causa liberal y contra los obispos"), enfrentó la acusación en uno de sus "Diálogos populares":