Explore "El millonario instantáneo" by Mark Fisher on Textopian. Read with annotations and highlights.
A la mañana siguiente se sentía como si le hubiera pasado un camión por encima. Como una última ironía, la brisa que entraba por la ventana había levantado la carta infame y reunido, como por arte de magia, los dos trozos de papel al pie de la cama. Fue la primera cosa que vio cuando, por la mañana, abrió los ojos y, una vez más, se sintió invadido por la furia. Había dormido sin quitarse la ropa y ahora sus prendas estaban completamente arrugadas, pero no le dio la menor importancia. Sólo pensaba en una cosa: buscar al anciano, devolverle su secreto y conseguir que él le devolviera el cheque. El joven se contempló en el espejo el tiempo suficiente para darse cuenta de que tenía un aspecto horrible, lo que aún aumentó más su determinación.
Se pasó los dedos por los cabellos un par de veces y se dirigió a la puerta recordando, en ese instante, que durante la noche había estado cerrada con llave y que, tal vez, todavía le tuvieran prisionero. Estaba abierta. Salió furioso y se encaminó hacia el comedor.