Explore "La luciérnaga" by Mariano Azuela on Textopian. Read with annotations and highlights.
I
EL DOLOR cuenta los minutos; pero la rueca de la felicidad va al vértigo. Por eso Conchita, que cumplió un año ya en Cieneguilla, dice a veces: «Parece que ayer llegué», y a veces: «Parece que nunca salí de aquí.» Incorporada a la vida del pueblo, se siente parte integrante de él y con derecho a sus dos varas de tierra en el camposanto. Ha tenido que recorrer los broches de su blusa y de su falda, trabaja doble y sin fatiga, y duerme largas horas sin lágrimas ni zozobras. Desde que los pequeños Cirilo y Nicolasa entraron, brazo a brazo, con los demás niños decentes al Santuario de Guadalupe, en un tumulto de gentes exaltadas, plegarias, jaculatorias y alabanzas, en un incendio de millares de cirios y corazones. En gracia al boycot religioso, Cirilo y Nicolasa han dejado de ser los perros sarnientos de quien se apartaban los niños decentes del colegio.