Explore "Oros son triunfos" by José María de Pereda on Textopian. Read with annotations and highlights.
Volviendo al asunto que dejamos pendiente para hacer esta ligera excursión por el otro mundo, digo que llegó el día de la boda y que acudió á ella medio pueblo, unos como invitados y otros como curiosos. Enriqueta, con su traje blanco, su corona de azahar y su rubor de costumbre en tales lances, podía habérsela tomado por una vestal que iba al sacrificio, ó por una virgen cristiana conducida al martirio; y en cuanto á don Romualdo, más parecía, aunque vestido de rigorosa etiqueta, el administrador de la casa, que el Polión de aquella Norma ó el Eudoro de aquella Cimodocea. Los carruajes se atropellaban á la puerta de la iglesia, y lo más granadito y cogolludo de la población invadía el templo, mientras en el altar mayor se celebraba la ceremonia religiosa.
Dos horas más tarde se servía en casa de la desposada espléndido almuerzo presidido por Enriqueta y don Romualdo, unidos ya ante Dios y los hombres en eterno indisoluble lazo.