Explore "Juvenilia" by Miguel Cané on Textopian. Read with annotations and highlights.
El Colegio, que más tarde debía ser uno de los primeros establecimientos de América, era por entonces un caos como organización interna. Cuando me incrusté bien y ví claro, comprendí que tras las sombras ostensibles de la vida claustral había "des acommodements", no sólo con el cielo, sino con las autoridades temporales de la tierra. Durante un año y siendo ya mocitos, nos hemos escapado casi todas las noches, para hacer una vida de vagabundos por la ciudad, en los cafés, en aquellos puntos donde Shakespeare pone la acción de su Pericles, y, sobre todo, en los bailes de los suburbios, de los que algunos condiscípulos, ignoro por arte de quién, tenían siempre conocimiento.
Toda la variedad infinita de los medios de escapatoria, podía reducirse a tres sistemas principales: la portería, la despensa y el portón. -- La portería, que da sobre el atrio de San Ignacio, requería, o elementos de corrupción para el portero o vías de hecho deplorables. La despensa y cocinas tenían una pequeña puerta a la calle Moreno que a veces quedaba abierta hasta tarde. El portón, una de esas portadas deformes de la colonia, daba a la calle de Bolívar, donde hoy se encuentra la entrada principal del Colegio. Las hojas, en vez de llegar hasta el suelo, terminaban en unas puntas de hierro que dejaban un espacio libre entre ellas y el pavimento. -- Por allí había que pasar, pegado el cuerpo a la tierra, en mangas de camisa para no estropear el único jacquet de lujo y sintiendo muchas veces que las fieles puntas guardianes se insinuaban ligeramente en la espalda como una protesta contra la evasión. A pesar de todas sus dificultades, era el medio más generalmente elegido. -- Pero aquí debo recordar una de esas curiosidades de colegio, que todos mis compañeros de entonces deben tener presente.