Explore "El Papa del mar" by Vicente Blasco Ibáñez on Textopian. Read with annotations and highlights.
Subieron los peldaños algo roídos de una escalinata de piedra, atravesaron el arco profundo de la puerta principal, y otra más pequeña abierta a su derecha les dio acceso a un vasto salón con muros de sillería y techo abovedado que aún conservaba restos de viejas pinturas. Era el antiguo cuerpo de guardia del palacio, ahora antesala para los visitantes. Un mujer detrás de un mostrador ofrecía tarjetas postales, fotografías, volúmenes históricos, la pequeña e inevitable biblioteca que existe a la entrada de todo monumento.
Lentamente se fue amalgamando el grupo de curiosos venidos de diversas partes de la Tierra para visitar la antigua residencia de los papas. La bella criolla reconoció a muchos compañeros de hotel, vistos en la noche anterior. Poco después entraron algunas norteamericanas jóvenes, tal vez estudiantes que hacían una excursión por Europa; varios matrimonios franceses, gentes del Mediodía, admirando con patriótica vanidad las enormes dimensiones de este castillo tan celebrado por los poetas provenzales; dos sacerdotes protestantes, con plastrón negro cubriendo su camisa y una Guía abierta entre sus manos como si fuese un libro de oraciones; ungentlemanatlético, de cara redonda y afeitada, mirando ávidamente a todos lados en busca del extraordinario espectáculo que esperaba de esta visita, y un cura italiano, flacucho, de nariz picuda, cuyo perfil, según Borja, recordaba el de Dante, pero a través de un espejo deformatorio.