Explore "Garuda o la cigüeña blanca" by Juan Valera on Textopian. Read with annotations and highlights.
En un hermoso día de los últimos del mes de Mayo, la condesa Poldy se / hallaba sola, en lo más intrincado del bosque, entre diez y once de la / mañana. Sencilla y elegantemente vestida, llevaba en la airosa cabeza un / gracioso sombrero de paja de Italia y pendiente del brazo izquierdo un / ligero canastillo de mimbre. Aquel día no eran la meditación y la / contemplación de las bellezas naturales el único propósito de su paseo. / Tenía otro más práctico. Iba ella a coger fresas silvestres, de las muy / delicadas que en abundancia producía aquel bosque, y a coger también / cierta florida hierbecilla, llamada _waldmeister_, que se pone y conque / se perfuma y sazona el _maitrank_, deliciosa bebida propia de aquella / estación y de la que gustaba muchísimo la Condesa viuda.
Buscando fresas y _waldmeister_, Poldy se había alejado del castillo y / penetrado en la profundidad del bosque, harto más de lo que solía. Así / vino a encontrarse en sitio muy solitario y agreste, donde, rota la / espesura que los apiñados árboles formaban con su denso follaje, había / una pequeña laguna. En la orilla opuesta de aquélla a la que Poldy se / había acercado, se alzaba un obscuro y ruinoso torreón. Todo el terreno / que circundaba la laguna era húmedo y vicioso. Las emanaciones palúdicas / habían ahuyentado las aves de aquel sitio. Las aves no le alegraban con / sus trinos y gorjeos como hacían en otros lugares del mismo bosque. Casi / hundidas las raíces en el agua se veían a trechos espadañas y juncos en / muy pobladas matas. Sobre el haz del agua dormida, que no rizaba / entonces el más ligero soplo de viento, se extendían la verde lama y las / redondas y anchas hojas de nenúfar, cuyas blancas flores se levantaban / en el aire tranquilo. Los pies de Poldy se hundían en la hierba que / había crecido muy alta. Cada vez que fijaba en el suelo uno de sus / menudos pies, se espantaban las ranas que entre la hierba se hallaban / ocultas, y daban estupendos brincos, zambulléndose en el agua estancada. / El ruido que hacía el agua, al chapuzar en ella las ranas, era lo único / que interrumpía el maravilloso silencio que reinaba en torno.