Explore "Almas errantes" by Ricardo Catarineu on Textopian. Read with annotations and highlights.
Es Maizales una blanca y verde aldea imaginaria, blancas las casas, verdes los prados, orilla del río, no lejos de la mar. Acampados ejércitos formidables de maíz, que le dan nombre, del río la separan. Bordea el maizal llana y polvorienta carretera, que limita por el otro lado con alegres colinas. Aquí y allá, en llano o monte, álzanse dispersas muchas casitas albas y relucientes como la nieve al sol. No pocas de ellas son elegantes hotelitos, rodeados de frondosa huerta o florido jardín, resguardados por verjas de hierro pintado de colores chillones.
A la entrada del poblado, y enclavado en el camino, se ve un edificio que, si en la parte alta aspira pomposamente a ser fonda, en la planta baja no quiere ser taberna, sin conseguir ninguna de ambas inofensivas pretensiones. Frente por frente a este hospedaje modesto y limpio, una parra sirve de toldo a la mesa de piedra, en torno de la cual hay siempre rústicos bancos y, en éstos sentados, rústicos ociosos murmuradores.