El último pecado by Juan Valera — Read

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Cualquier pecado mortal es abominable, pero cuando el pecado no contamina a ningún sujeto inocente y puro y no le aparta de la senda de la virtud, su malicia es mucho menor que cuando extiende su pernicioso influjo sobre criaturas humanas, y cuando todo lo inficiona y corrompe. María Antonia Fernández, aunque arrepentida y llorosa, tenía el consuelo de no haber pecado nunca en este segundo sentido. Cuantos habían caído en sus redes y habían sido con ella pecadores, estaban pervertidos muy de antemano, de modo que ella no agostó ninguna virtud en flor, ni remedando al demonio robó ángeles al cielo para llevárselos consigo. A María Antonia no remordía la conciencia, sino de su propia perdición y no de haber procurado la ajena.

Sólo en una ocasión se mostró ella propicia a cometer tan doble y feo delito, pero se frustró y quedó en conato, gracias a la entereza de un sujeto y sobre todo, gracias a la misericordia divina. Con horror recordaba _La Caramba_ aquel caso.

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