Explore "Halma" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
Lo que platicaron aquella noche, después de cenar, la gobernadora de la ínsula y el futuro señor de Pedralba, no consta en los papeles del archivo nazarista de donde todos los materiales para componer la presente historia han sido escrupulosamente sacados. Sin duda, después de dar cuenta de la grave resolución matrimonial de la santa Condesa, no creyeron los cronistas del nazarismo que debían extenderse a mayores desarrollos historiales de tan considerable suceso, o conceptuaron vacías de todo interés religioso y social las sentidas palabras con que aquellas dos personas hicieron confirmación solemne de su propósito matrimoñesco. Lo único que se encuentra pertinente al caso es la noticia de que José Antonio de Urrea se preparó aquella misma noche para partir a Madrid a la mañana siguiente. Y otro papel nazarista corrobora que, en efecto, partió a caballo al romper el día, y que Halma salió a despedirle, y a desearle un buen viaje, agregando algunas advertencias que se le habían olvidado en su coloquio de la noche anterior. Es un hecho incontrovertible, del cual darán fe, si preciso fuere, testigos presenciales, que ya montado en la jaca el presunto gobernador de la ínsula, y cuando estrechaba la mano de la Condesa, pronunció estas palabras: «No llevo más que un resquemor: que nuestro D. Remigio, que de seguro tocará el cielo con las manos al ver que no lo cae la breva de la Rectoría de Pedralba, ha de fastidiarnos con dilaciones, y quizás con entorpecimientos graves. No he cesado de cavilar sobre ello esta noche, y al fin, querida prima, lo que saco en limpio es que necesitamos comprar su voluntad».
-¡Comprarle.!, ¡cómo.! ¿Qué quieres decir?