Explore "Halma" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
Y como si las palabras de Consuelo fueran una evocación, apareció en la puerta, sin que antes se le sintieran los pasos, un clérigo alto y viejo, que sonriendo y con blanda vocecilla, decía: «Don Manuel, sí, aquí está D. Manuel, dispuesto a convencer a la misma sinrazón. ¡Oh, ni señora doña Catalina!. A fe de Manuel Flórez que no esperaba tan grato encuentro, y pensaba, antes de almorzar, darme una vueltecita por arriba».
-Hoy es día solemne -dijo el Marqués con su habitual cortesía-; hoy tenemos a almorzar al Sr. D. Manuel, y mi hermana, que sabe cuánto se merece un amigo de tal calidad, quebranta su clausura, baja al comedor y nos acompaña a la mesa.